«El 11 de septiembre conmovió los cimientos de la sociedad norteamericana y es constitutivo del presente»
Martín Plot es Ph.D. por la New School for Social Research, Investigador Independiente del CONICET y Profesor de Teorías de la Democracia en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la UNSAM. Es autor de El kitsch político (2003), La carne de lo social (2008), Indivisible: Democracia y terror en tiempos de Bush y Obama (2011), The Aesthetico-Political: The Question of Democracy in Merleau-Ponty, Arendt, and Ranciére (2014) y Chaos and Cosmos: The Imaginary and the Political in Jorge Luis Borges (2024).
por Tomás Borovinsky
En tu trabajo vos hacés una lectura de la historia política de los Estados Unidos acompañada por una teoría de las distintas fundaciones a lo largo de la historia. ¿Podrías desarrollarla un poco para poder así poner en sintonía con el presente después?
Mi mirada no es única, la desarrollé a partir de mi formación teórica, fenomenológica, pero también a partir de la obra del constitucionalista norteamericano Bruce Ackerman, que historiza y temporaliza la vida política norteamericana alrededor de tres grandes transformaciones que produjeron regímenes políticos de distinto tipo. La fundación de la república norteamericana, la posguerra civil y el New Deal en el siglo XX. Esta temporalización es importante, sobre todo en sociedades como las nuestras, como Argentina, donde muchas veces la sociedad norteamericana y su relato mítico de sí misma sirve como dispositivo ideológico para élites de otras regiones, para imaginar que otros países no tienen inestabilidad, no tienen conflicto, no tienen discontinuidades, etc. Y, por lo tanto, contra ese trasfondo, delinear una figura que termina siendo una caricatura de nuestras propias sociedades. Pero también termina siendo una caricatura de quizás otra sociedad que se pretende modelo. Tres momentos, decíamos. La república norteamericana se funda en un periodo prácticamente corto y largo a la vez de tiempo, entre 1776 y 1789, que va de la independencia a la creación de la República Constitucional con el formato actual. Están los padres fundadores o framers, como se le dice ahora. Pero esa constitución después, ya sabemos, en el mundo occidental hubo revolución francesa, hubo revolución haitiana, hubo revolución mexicana, argentina, el resto de las Américas, guerras de la independencia. Entonces no hay que juzgar anacrónicamente una revolución que pasó antes del jacobinismo, de la implementación de un modelo más igualitario de república democrática, etc. Pero es la anomalía, como le llama el historiador y sociólogo afroamericano W. E. B. Du Bois, discípulo de William James. Le llama la anomalía de la República norteamericana y constitutiva en su origen, que es haber preservado la institución de la esclavitud cuando se enunciaban principios igualitarios del régimen político. Ese régimen que, si lo miramos hoy en el pasado, hace 200 años, lo proyectamos al futuro de 200 años, y es fácil imaginarse lo distópico que es una sociedad con millones de personas esclavizadas en algunos estados, en otros no, personas esclavizadas particularmente de un origen racial, continuidad de tráfico de esas personas transportadas de un continente y un hemisferio al otro, una monstruosidad. De ese régimen queda en evidencia muchas cosas, el creciente sentimiento abolicionista en el norte, las tensiones entre un norte cada vez más industrializado y un sur feudalizado con su sistema neofeudal, pero más bien totalitario de explotación extrema de una población deshumanizada, que lleva a la guerra civil, que es la guerra más grande de Occidente del siglo XIX. O sea, una discontinuidad como esa no hubo ni siquiera en las tumultuosas repúblicas sudamericanas. Y entramos ahí en una ¨segunda fundación¨ y se funda un segundo régimen, pero es un régimen que no modifica la estructura económica o social en ningún modo. Es decir, es un régimen de laissez-faire radicalmente liberal, con muy poca intervención estatal de la economía, sin derechos laborales, sin movimiento obrero, etc. Es el período que no hace falta ir a Estados Unidos para reconocerlo. Como en Argentina, en Europa y en otros lugares, es un período de la creación del movimiento obrero, de partidos socialdemócratas, de la idea general que se llamó izquierda en Occidente, y recientemente un régimen que sí liberó a los esclavos, pero que sin embargo no hizo nada por mejorar las condiciones crecientemente de explotación de los trabajadores rurales o urbanos, etc.
Todo esto termina en un periodo tumultuoso de la historia global, como es el de los años 30, con fascismo en Europa, con estalinismo en la Unión Soviética, llevando a la aparición de un líder popular en el Partido Demócrata, como FDR, como Roosevelt, que nos lleva a una ¨segunda fundación¨. Un presidente en conflicto con sus propias instituciones, así como en la guerra civil, la reconstrucción y así como en la fundación, en conflicto con las propias instituciones vigentes, con la Corte Suprema enfrentándolo, pero con mayorías parlamentares abrumadoras, nada que ver con los gobiernos que vemos hoy, tanto en Estados Unidos como en Argentina. Introduce legislaciones que hoy llamaríamos muy progresistas, de derechos laborales, de vacaciones pagas, beneficios para los sectores más desfavorecidos de la población, que crea una sociedad democrática más parecida a lo que conocemos hoy. Una sociedad con instituciones redistributivas, con un sistema impositivo que permite la creación de infraestructuras sociales, urbanas, viales, de todo tipo, que no beneficia solamente a los ricos que pueden pagarla y que podría ser resultado de inversión de capitales privados, sino que efectivamente genera una sociedad de welfare state, a la norteamericana, tan extensa como las europeas. Una sociedad que pretende utilizar el Estado como mecanismo de incorporación de sectores excluidos de una vida vivible, plena, con acceso a educación, a salud. Ese régimen se nutre además de capas de incorporación gracias al movimiento feminista, al movimiento de los derechos civiles sucesivas, de los 50, 60, en adelante, y encuentra una resistencia. Encuentra una resistencia que ve en los años anteriores a New Deal un pasado a recuperar, que rechaza, como es el tacherismo y las reganomics, ocurre en todo el mundo, en la neoliberal en general.
Cuando yo hablo de estas cosas, utilizo el concepto de ¨empate hegemónico¨ de Juan Carlos Portantiero y pienso la situación disparada de esa época, una situación donde los estados de bienestar, tanto en Europa como Estados Unidos, incluso en Argentina, se ven desfinanciados, incluso adrede, recortando los impuestos a los ricos, de tal manera que el Estado no pueda hacer lo que prometió hacer y por lo tanto es un estado permanentemente en crisis, donde incluso sectores que potencialmente se ven beneficiados por un estado redistributivo terminan siendo persuadidos de esta posición que la situación es insostenible, la crítica a los déficits presupuestarios, etcétera, que no son constitutivos ni necesarios, sino que tienen que ver con la distribución de recursos de los ingresos de las arcas fiscales, pero no recortar los egresos, porque en general, la sociedad americana no estuvo a favor de recortar esos egresos, o sea, nunca quiso privatizar las jubilaciones.
¿Cómo ves este mismo problema en las últimas décadas? Por otro lado, todavía con el Trump 1.0 muchos podían plantearlo como una especie de ¨anomalía¨ pero el Trump 2.0 aparece más claramente como una fuerza de la historia que nos permite reinterpretar al Trump 1.0. ¿Hay un desempate ahí?
Bueno, llegamos al siglo XXI con una situación del partido contraigualitario o antiigualitario, el Partido Republicano de los Estados Unidos, habiendo introducido estos problemas significativos para el estado de bienestar y seguir funcionando, y un Partido Demócrata, un partido popular, como en los 90 en Argentina con el peronismo, de alguna manera aceptando el paradigma neoliberal y confluyendo, si se quiere, en una mirada común, con tensiones, porque siempre el partido demócrata siguió siendo más redistributivo. Al mismo tiempo, el Partido Republicano siempre fue más radicalmente libertario en lo económico, no en lo cultural en absoluto, pero sí en lo económico. Más bien, un conservadurismo cultural con libertarianismo económico. Pero con el cambio de milenio ocurrió algo de lo que ahora se habla poco, porque Trump fue un fenómeno tan espectacular que se ha dejado de hablar de algo que yo creo que es constitutivo de nuestro presente, que es el 11 de septiembre del 2001, la guerra contra el terrorismo y la administración George Bush. Y es que el 11 de septiembre conmovió los cimientos de la sociedad norteamericana.
Es un acontecimiento de una potencia simbólica que no tiene solamente que ver con las imágenes, con lo que vimos en todas partes del mundo, sino que tiene que ver con la experiencia de vulnerabilidad de la entidad política que es los Estados Unidos. A tal punto que no se puede tematizar, a tal punto que está como vaciado y silenciado pero que efectivamente llevó a que los Estados Unidos desplegasen una política internacional que primero se apoyó en las instituciones internacionales para invadir Afganistán, pero que luego desconoció completamente en la invasión de Irak. Se propuso, y ahora nos estamos sorprendiendo porque Trump actúa de manera semejante, pero se propuso reorganizar el Medio Oriente a través de la apuesta a un efecto dominó como consecuencia de una invasión masiva a un país con decenas de millones de habitantes. Lo que se generó fue ISIS, un Irak que es mucho más aliado de Irán de lo que era cuando se empezaba en el poder, entre otras cosas. Pero más allá de todo eso, lo que generó en Estados Unidos fue una conmoción interna.
Se ha dejado de hablar de algo que yo creo que es constitutivo de nuestro presente, que es el 11 de septiembre del 2001, la guerra contra el terrorismo y la administración George Bush

¿En qué sentido una conmoción interna?
Porque las bases del Partido Demócrata se opusieron muchísimo a la guerra de Irak, pero una porción muy considerable de la dirigencia que sigue hasta hoy manejando el partido la apoyó. Particularmente los dirigentes que terminaron de candidato, bueno, Kamala Harris ya es más joven y por lo tanto no estaba en ese nivel de establishment, pero Biden, John Kerry y Hillary Clinton son claramente parte de esa dirigencia. Quizás fuera a regañadientes este apoyo a la guerra, con criticas puertas adentro, pero apoyaron y de alguna manera prestaron la colaboración y terminaron plegándose a un nuevo fenómeno político que era la de los Estados Unidos autopercibido como involucrado en una guerra global contra el terrorismo, y por lo tanto con un montón de aspectos imaginarios. Esa guerra global es contra el sur global, no solamente contra el terrorismo. Parte de eso es el lugar de los inmigrantes como una amenaza que empieza a generalizarse también en la Europa supremacista blanca y los Estados Unidos, digamos. El sur visto como una amenaza étnica, de ahí la cuestión del Great Replacement. Todo eso empieza a ser fermento de una multiplicidad de maneras distintas y eso empieza a generar crisis muy profundas al interior de los dos partidos. Los dos partidos sufren estas dos cosas.
En el Partido Republicano, ante la evidencia del error y el desmanejo catastrófico de la guerra contra el terrorismo y la invasión de Irak, también empieza a desarrollar sentimientos que hoy podemos ver encarnados en Trump
En el Partido Republicano, ante la evidencia del error y el desmanejo catastrófico de la guerra contra el terrorismo y la invasión de Irak, también empieza a desarrollar sentimientos que hoy podemos ver encarnados en Trump, que es anti-intervencionista, anti lo que se llama en Estados Unidos, nation building, anti-poder global que es imperial, pero también es ¨bondadoso¨. De ahí la eliminación USAID, que es una agencia de gasto social norteamericano, un soft power. Pero un soft power que permite también producir efectos concretamente positivos en sociedades que a veces ante situaciones catastróficas no tienen realmente los recursos para afrontarlas. Pero en el Partido Republicano surge,el actor fundamental de la guerra contra el terrorismo, un sentimiento de backlash, de rechazo a Bush, a ese establishment, a Dick Cheney, a los neoconservadores, que son de alguna manera figuras que tienen algunos trazos de Cold Warriors todavía, de la Guerra Fría. Y emerge el momento Tea Party.
Del otro lado del mostrador, en el Partido Demócrata, emerge un fenómeno que también hoy, por la magnitud de lo que está ocurriendo, tiende a ser olvidado. Un fenómeno histórico extremadamente novedoso, que es la aparición de este joven candidato carismático afroamericano, pero sobre todo afroamericano, que para la sociedad norteamericana, y para el establishment norteamericano, para los political scientists norteamericanos era un imposible. ¨¿Quién va a votar a un afroamericano joven, inexperto, pero sobre todo afroamericano a la presidencia?¨, decían. Bueno, pero era un afroamericano joven, inexperto que criticaba la guerra de Irak y que criticaba la ambivalencia que había tenido el partido de Demócrata en relación a la guerra de Irak y gana tranquilamente tanto las primarias como la elección nacional. Esto es clave: es la única elección en el último medio siglo que se gana realmente por amplios márgenes. No tiene precedentes recientes y no ocurrió nunca en este siglo. Nada que ver con lo que pasó ahora. Trump ganó por muy poquito. Entonces el entusiasmo, la posibilidad de que el Partido Demócrata se renovase al tiempo que el Partido Republicano estaba en una profunda crisis era muy fuerte. Voy a usar una metáfora del tenis. Es como el tenis. A veces tenés un match point y lo perdés. El partido que estaba a un punto de ganar se complicó tremendamente porque se te mete en la cabeza. Bueno, eso es una metáfora. Lo que quiero decir es que el Partido Demócrata estuvo a punto de iniciar un proceso de renovación considerable y Obama se convirtió en un presidente del establishment completamente. Aceptó incluso muchísimas de las premisas que habían dominado la guerra contra el terrorismo. Esto no es solamente una interpretación mía: la segunda elección de Obama, saca menos votos, incluso con el crecimiento poblacional, ya es considerablemente menos votos que la primera, y gana por mucho menos margen a un candidato mediocre como Mitt Romney. Entonces en el Partido Demócrata se empezó a generar también un deseo de renovación interno.
También en el Partido Republicano, que con sus giros ideológicos y simbólicos hacia la derecha, que iban por el lado del etnonacionalismo, porque la presidencia de Obama por más que defrauda en lo socioeconómico y en las políticas públicas desplegadas, no deja de ser un afroamericano presidente, y en los nacionalistas blancos, la derecha cristiana, frente a la inaceptabilidad de esto, surge un movimiento rechazando la posibilidad de que Obama fuese realmente ciudadano norteamericano, el Birther Movement. Entonces Trump, que es un eje central del Birther Movement, que también encuentra una manera de apoyarse sobre el Tea Party, que son los dos movimientos que surgen contra Obama desde la derecha, termina canalizando todo eso con una especie de fuerza insurreccional, con un candidato que propone patear el tablero. Pero donde la gran diferencia significativa con el Partido Republicano histórico es que rechaza su neoconservadurismo y la guerra de Irak. Pero todo lo demás es un candidato de desregulación económica interna y de recorte de impuestos a los ricos. Un candidato neoliberal, como todos los republicanos anteriores, pero disruptivo, de manera extrema, en lo estilístico y en la manera proactiva en la que se posiciona a la derecha blanca y evangelista del partido en el primer plano del partido, llevando la dimensión neoliberal del segundo.
Pero esto es contingente. No hay ninguna necesidad en lo que estoy describiendo, hay muchas cosas que podrían haber sido de otro modo, pero efectivamente en el Partido Republicano se presentan muchos candidatos. Y dado el carácter inusual, es un poco como pasó con Javier Milei, dado el carácter inusual de la figura de Donald Trump, nadie podía pensar que alguno de ellos no fuese ganarle. Hay toda una multiplicidad de candidatos contra él, y Trump, sacando más o menos los mismos votos que Bernie Sanders al interior de su partido, gana. Al mismo momento está habiendo una crisis interna del Partido Demócrata muy grande porque Bernie Sanders representa el intento de renovación y reconstrucción, si se quiere, de un partido demócrata más New Deal, más asociado a Welfare State y a los derechos de los trabajadores. Y Hillary Clinton, la candidata del establishment, del apoyo a la guerra contra el terrorismo, etc., le gana la primaria, aunque Bernie sacó los mismos votos que Trump en el Partido Republicano, le gana porque el establishment del Partido Demócrata se encolumna masivamente, incluyendo personas supuestamente de izquierda como Elizabeth Warren, con el establishment entero terminan encolumándose detrás de Hillary Clinton.
Pero entonces, las elecciones de 2016 para mí son fundantes de esto, no solo porque es la primera vez que gana Trump, sino porque es la primera vez que el Partido Republicano presenta una renovación considerable de muchos de sus aspectos estilísticos, de algunos elementos de policy, y el Partido Demócrata, al contrario, con una candidata muy poco carismática, profundiza muchísimo su sentido del partido del establishment.
Pero entonces, las elecciones de 2016 para mí son fundantes de esto, no solo porque es la primera vez que gana Trump, sino porque es la primera vez que el Partido Republicano presenta una renovación
En 2020 Donald Trump pierde la reelección en medio de la pandemia y asume Joe Biden que era una especie de candidato que contenía distintas familias del Partido Demócrata. ¿Cómo llegamos de ahí al retorno del trumpismo acelerado?
Sí, probablemente la pandemia haya jugado un rol importante en la fallida reelección de Trump. Porque la economía no le estaba haciendo mal durante la primera administración de Trump. Así como los intentos de lo que alguna gente llamaría lawfare también son claves para entender incluso el camino al Trump 2024. La judicialización de la política es un fenómeno que está pasando en todo el mundo y el intento que tienen algunos partidos, sobre todo los más del establishment, de resolver judicialmente lo que no pueden resolver electoralmente, es generalizado. En Estados Unidos se convirtió en el virus principal que afectó al Partido Demócrata desde que llegó Trump al poder. Decían ¨lo vamos a hacer impeachment¨e hicieron impeachment dos veces. ¨Le vamos a hacer juicio¨, y le hicieron 34 juicios. Todo eso benefició a Trump. Le permitía en su performatividad de actor público presentarse como víctima en vez de como criminal. Y como víctima de un establishment que crecientemente él incentivaba a ser responsabilizado de todos los males que algunos sectores de la población de desfavorecida norteamericana, prácticamente los blancos y los hombres, pudiesen detestar y antagonizar. Por eso digo que Trump pierde por poco por la pandemia.
Pero en 2024 la responsabilidad fundamental es del Partido Demócrata, que efectivamente continuó y profundizó y radicalizó las tendencias que mostró en la elección de Hillary Clinton en 2016. Se mostró crecientemente incapaz de percibir la animosidad con la que esos sectores de la sociedad, ni siquiera sectores que viesen en Trump algo viable o se viesen seducidos por un movimiento como el de Trump, que no sean ni racistas, ni machistas, ni nada, la sensación creciente de que el Partido Demócrata es un partido así, como se dice acá, del establishment, oligarquizado. Un partido demócrata que que crecientemente, solamente se codea con los sectores de poder, con los sectores económicos, y además con sectores como nosotros, con sectores que tienen que ver con lo que la población con menos acceso a la educación y más vinculada al mundo del trabajo, y sobre todo la población blanca más vinculada al mundo del trabajo, desprecia como una élite que los desprecia a ellos. Como una elite cultivada que tiene acceso a la cultura vía Hollywood, vía la música, vía la producción intelectual, vía las universidades, cada vez más caras, cada vez más inaccesibles. Un sistema que no es público como el argentino por ahora y que realmente ha dejado de servir como un sistema de ascenso social y que se convirtió en una máquina de reproducción de una clase dominante económica, pero también sobre todo cultural.
El Partido Demócrata se convirtió en el partido que cómodamente representanta precisamente de lo que Trump y su movimiento político masivamente identificaban como responsable de la exclusión, el olvido, la falta de mejoramiento de las condiciones de vida de algunos sectores considerables de la población. Y así llegamos, como en casi todas las elecciones, menos la elección de Obama, a un empate que podía ir para cualquier lado, pero que la negligencia con la que el Partido Demócrata manejó la elección con Biden, no solo por la edad, porque Trump tiene más o menos la misma edad, pero lamentablemente para Biden sus capacidades estaban notoriamente disminuidas, eso era visible para todos.
El establishment del partido sabía que si Biden decía ¨yo no me voy a presentar¨, hay una primaria, los que manejan el partido, los que manejan todos los recursos, recordemos que Kamala Harris recaudó mil millones de dólares en un mes, el manejo de esos recursos iba a ser perdido y iba a estar quizás en otras manos. Por lo tanto, prefirieron hacerse distraídos ante las dificultades que presentaba la candidatura de Biden. Y eso dejó de ser posible una vez que ocurrió el debate famoso entre Trump y Biden durante el verano del norte de Estados Unidos, donde nunca se había visto una persona con las capacidades tan disminuidas por la edad en un debate presidencial. Entonces, el fenómeno que apareció evidente para todos rompió con todos estos prejuicios científicos y discursivos que invisibilizaban a lo que era evidente para la sociedad.
¿Qué te dispara la imagen de la escena de asunción del Trump 2.0 con los grandes empresarios tecnológios en escena? la escena de la inauguración del Trump 2.0, que es con todo un cuadro con los grandes titanes de la industria tecnológica. ¿Cómo ves aplicada al presente tu lectura de las fundaciones? ¿Estamos en una nueva fundación?
Sí, los hombres más ricos del mundo rodeando la asunción de alguien que también fue y sigue siendo un magnate económico mediático asumiendo la presidencia es de alguna manera como un full circle, como se dice en inglés. Porque el vínculo entre el Partido Demócrata con el establishment económico casi que puede verse como un jugueteo que hicieron los ricos con los demócratas en las últimos añoss. Pero la asociación del Partido Republicano con los grandes capitales norteamericanos es histórica. Son las grandes corporaciones, las que desde los 70, incluso con Richard Nixon, pero desde los 80 en adelante, ven en el Partido Republicano el principal instrumento para persistentemente bajar los impuestos, desregular la economía, servir de punta de lanza de sus intereses globales, de inversiones, del acceso a recursos naturales, etc. Entonces, la relación Estado-corporaciones en sus versiones más contemporáneas, pero que no es nada novedoso en una mirada de las sociedades modernas, y tener un partido que las representa mejor que otro, porque el otro proviene más de una alianza con sus sectores trabajadores, con el movimiento obrero, con los afroamericanos, con el movimiento de derechos civiles, con las luchas de las mujeres, etc., nunca estuvo en discusión. Lo que pasó fue que el neoliberalismo de Bill Clinton al neoliberalismo de Barack Obama, algunos sectores más renovados, por ejemplo los tecnológicos, sobre todo los tecnológicos en un periodo de tiempo, pero también la industria de entretenimiento, un montón de industrias que no son solamente capital financiero y que no son las históricas industriales, dueños de Ford Motors, o de Chevrolet, o de Chrysler, empezaron a ver el Partido Demócrata, porque históricamente, obviamente, las corporaciones apuestan a todos, ellos saben, no hay nada nuevo, y no es que le hubiesen soltado la mano al Partido Demócrata. Pero el Partido Demócrata, sus campañas eran más financiadas por los sindicatos que por los ricos durante un periodo de tiempo. Obama es el primero, y eso es tremendo lo que hizo en ser el primer candidato demócrata que rechaza los fondos públicos porque se da cuenta que él puede recaudar más entre los ricos norteamericanos que los fondos públicos que le ponen un límite a lo que puede recaudar. Entonces después los dirigentes políticos tienen una cercanía muchísimo mayor con los que le dieron el dinero para poder obtener esos votos que con sus votantes. Es una situación bastante simple. Pero el Partido Republicano nunca dejó de ser el partido que estaba naturalmente más cercano por razones ideológicas a la filosofía del libre mercado y de beneficiarse de aquellos gastos que sí hace supuestamente legítimamente el Estado norteamericano desproporcionadamente. El gasto en armamento, el gasto en tecnología de punta. Hay un montón de gastos que sí hace el Estado y que a personas como Elon Musk no les molesta que les compren a ellos, que inviertan en ellos para hacer tecnología con recursos públicos. Pero el discurso populista de Trump, en realidad la validez que tiene no tiene que ver con el carácter de lo popular, sino que tiene que ver con una resignificación de lo que es el pueblo. El sentido del discurso populista norteamericano es codificar un discurso identitario que dice el pueblo norteamericano son los hombres blancos. Make America Great Again es un discurso revolucionario pero restaurador que obviamente tiene a los avances de las mujeres y los sectores, las minorías étnicas que ocurrieron desde los 50 de adelante como aquello que hay que deconstruir y retrotraer. El again tiene la hermosa ambivalencia y ambigüedad del discurso político. Y esa ambigüedad es la que está en la base de su efectividad. Cada uno sabe qué ponerse, y el amigo Ernesto Laclau llamaría en Significante Vacío, cada uno sabe qué sentido atribuirle a ese again y a ese great. Y el great, puede ser white, y es, again, es como antes que todos estos sectores epitomizados en la presidencia de Obama, como un presidente negro, y moderno, y joven, y ahí empieza también a ser, ¿no? Hiperculto, hiper sofisticado en sus gustos, todas esas cosas que permiten constituirlo como una elite cultural. Quizás uno podría decir que lo que terminó ocurriendo es que el Partido Republicano era el representante de una elite y el demócrata de otra, fundamentalmente. Uno además de una elite económico-financiera, que además tiene ahora sumados los los millonarios de la industria tecnológica y sobre todo de la industria de comunicación tecnológica. Todos los dueños de todas las redes sociales estaban ahí.
Pienso también en otra escena anterior a la jura de Trump. Una que espontáneamente el Partido Demócrata le regaló a Trump para la última elección como el partido del pasado. Porque reunió en sus apoyos a todas las principales figuras que habían estado en el centro de precisamente los veinte años que Trump quiere rechazar. Entonces, cuando Kamala Harris o Hillary Clinton antes le daban la bienvenida en sus filas a los neoconservadores norteamericanos, eran otrora republicanos, a Dick Cheney, todas estas figuras, sobre todo emblemáticamente representaban a Dick Cheney en la última campaña. Casi todo lo que pasó en Estados Unidos en los últimos veinte años y que Trump lo pone como aquello que hay que deconstruir. El Partido Demócrata le hacía el favor de ponerlos en el escenario, ¿no? Así como vos... Fue muy visual tu pregunta. Vos dijiste, ¿qué tenés para decir de esta imagen, no? Yo te puedo decir que lo que hacía Trump es también presentar la otra imagen. George Bush, Dick Cheney, Hillary Clinton. Esta es la foto del ascenso del wokismo, del ascenso del progresismo, de la guerra contra Irak, del desmanejo, básicamente de la guerra contra Irak. Ese es el sentido fundamental para Donald Trump. El uso de recursos de la sociedad norteamericana para beneficios de otros. Así lo presentan ellos y es muy fuerte. Ahora desde el poder es lo mismo: la presión que recibe Ucrania y el desprecio por una Europa que es como que vive gratis de la protección que le brinda a los Estados Unidos. Estas son las ecuaciones globales del planteo de Trump.
El Partido Demócrata reunió en sus apoyos a todas las principales figuras que habían estado en el centro de precisamente los veinte años que Trump quiere rechazar.
Hay un dirigido mío de tesis acá en California que se llama Sampson Ohringer que está escribiendo sobre The Swamp, el pantano, y sobre el estado de Florida como el lugar donde han salido los esquemas Ponzi y el Donald Trump. Y está hablando de la idea del pantano como algo que no es, pensaba en términos telúricos de Carl Schmitt. No una política que surge del mar, ni de la tierra, ni del aire (como plantea Schmitt) sino que sale de este híbrido que es el pantano. El pantano como concepto político. Yo creo que estamos ante una situación donde la amalgama de un conservadurismo cultural y político radical con un autoritarismo y una idea tecnocrática (que yo llamo epistémica) que se considera como basado en un saber definitivo de la economía marca la época.
Hablamos de gente que cree que puede desmantelar completamente a sola firma las décadas que tomó la construcción de la complejidad enorme que es el Estado norteamericano. Hoy hay oficinas enteras del Estado Federal norteamericano que están paralizadas y no pueden operar más porque han despedido gente que cumplía funciones claves. Es muy impresionante lo que está ocurriendo a una escala mucho más profunda que la que normalmente se habla en cuán bien le está yendo en las encuestas. Las sociedades modernas, desde la posguerra hasta el presente, construyeron capacidades instaladas, ingenieriles, sociales descomunales que van a durar algunos años. Por lo tanto, esta burbuja tiene muchas capacidades de durar.
La Reganomics de los años ´80, desde aquella lógica de las fundaciones que hablamos al principio, podría ser como una especie de intento que no fue hasta el fondo. Pero que creó un empate. Instituyó una situación de empate. Paralizó al avance igualitario. No avanzó más. Lo paraliza, lo hace inviable y genera hostilidad social para con el estado de bienestar, precisamente porque lo paraliza, lo hace inviable, deja de funcionar. Como dije antes, creo que es un momento de contingencia. Hay resonancias y un sistema de ecos que se alimentan mutuamente.
Hoy el proyecto político trumpista no deja en ningún momento de ser un proyecto político de desmantelamiento del Estado redistributivo para convertir al Estado exclusivamente en un agente de impulso, desarrollo y apertura de los intereses económicos de los sectores más concentrados y oligárquicos de la economía. El trumpismo es una especie de nihilismo filosófico que realmente cree que el Estado es el problema y no la solución, como lo dijo Reagan. Entonces, hay muchos elementos que no son nada novedosos de esta revolución.
El proyecto político trumpista no deja en ningún momento de ser un proyecto político de desmantelamiento del Estado redistributivo