Kreimer: «David Viñas le dio clases de marxismo e Historia a Charly García»

Entrevista a Juan Carlos Kreimer, de la cultura beatnik al primer “rock nacional” y su complicada relación con la radicalización política; del exilio al punk y la redención new age. Las muchas vidas de un baby boomer.

por Alejandro Galliano y Martín Rodríguez

La trayectoria de Juan Carlos Kreimer puede leerse como una aventura personal y al mismo tiempo, como un ejemplo de la comba que describió buena parte de su generación. Una generación marcada por la idea de aventura personal. Nacido en Buenos Aires en 1944, Kreimer entró a la Editorial Jorge Álvarez como asistente de Pirí Lugones (“nieta del poeta, hija del torturador”, como le gustaba presentarse). Una de sus tareas fue escribir la contratapa del álbum debut de Manal, publicado por el sello Mandioca, también de Álvarez. Trabajó como periodista en la revista femenina Claudia y en Primera Plana, en la época de Tomás Eloy Martínez, además de colaborar en la revista literaria Eco contemporáneo de Miguel Grinberg, pionera del beatnik en Argentina. “Me convertí en un experto en hippismo o cosas norteamericanas porque había estado en Estados Unidos, viví en Nueva York, leía revistas y sabía lo que pasaba”.

Con curiosidad periodística, cultura beatnik, y acceso a publicaciones extranjeras, Kreimer terminó espontánea y accidentalmente vinculado al espontáneo y accidental rock argentino de aquellos años. Inauguró en Argentina el género “libro de rock” con Beatles & Co (1968, “uno de los primeros libros en castellano sobre el grupo”) y Agarrate!!! (1970, “el primer libro sobre rock argentino”). A la vuelta de su viaje a Estados Unidos, entró al diario La Opinión hasta que en 1975 Kive Staiff lo despidió amablemente y le recomendó que usara la indemnización para irse del país, y quizás así salvar su vida. Volvió a Nueva York, luego fue a París y terminó en Londres, donde trabajó de lavacopas, carpintero y boletero de un teatro. Y también de periodista. Vio emerger al punk, habló con referentes como Malcolm McLaren y Sid Vicious (que le escupió la cara) y escribió De ningún lugar, una melancólica novela de exiliado que en ese momento nadie quiso publicar. Sin embargo el trasfondo londinense de la historia le interesó a Editorial Bruguera, y en 1977 le encargó a Kreimer un libro sobre la novedad cultural y musical del momento. Con un mes de tiempo, escribió Punk, la muerte joven, el “primer libro en castellano sobre el punk”, con el que cerró para siempre su ciclo rockero: “Me cansé del rock, yo venía de haber vivido el primer ciclo de rock en Argentina, con lo cual había visto cómo los rebeldes de entrada son muy rebeldes y después, poco a poco, el sistema los va chupando, los neutraliza”. En 1979 dio un giro más en su vida y se instaló en Buzios, en una suerte de comunidad de exiliados y hippies tardíos. De vuelta en Argentina, lanzó la revista Uno mismo, que trajo al país los temas de la new age, y comenzó sus talleres de “nueva masculinidad”. Desde entonces se dedica a escribir y dar charlas sobre creatividad, autoconocimiento y expansión de la consciencia. 

“Siempre en el momento que salen las cosas mías soy muy criticado, ahora ya no ―recuerda Juan Carlos― Cuando salió el libro de los Beatles me acuerdo que Tomás Eloy Martínez me hizo mierda en Primera Plana. Decía que yo mezclaba muchas cosas del pacifismo con los Beatles. Si bien Los Beatles musicalmente gustaban. John Lennon primero fue reconocido como un artista musical que tocaba muy bien, pero no era leído políticamente, eso fue mucho después. Lo de Tomás fue en el 68 creo, yo era un pendejo, y eso me afectó bastante porque yo lo adoraba. Me pasó eso siempre. Con la revista Uno mismo, con los grupos de hombres y nueva masculinidad me acuerdo que me decían que era un pajero y ese tipo de cosas”. 

El rock no estaba ni con la Resistencia ni con el otro lado. El mensaje era el pacifismo. Y el pacifismo se entendía como una cosa de “no te metas”. Por ende el rock era muy criticado.

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DE REVISTA CLAUDIA A LA CONTRACULTURA

¿Qué recepción tuvo Agarrate!!!?

En esa época tenía unos amigos, como Miguel Briante que me acuerdo que hizo una hermosa nota en Confirmado. German García, de la revista Los Libros que dirigía Héctor Schmucler, me dio con un caño. Pero bueno, no entendieron. Ojo, no me quiero hacer la víctima. En aquel momento había un relato que yo todavía no podía contar porque estaba ocurriendo. Por ende puse testimonios aislados, no quise hacer retórica. Dejé las cosas como estaban.

¿Cómo surgió la idea de hacer un libro sobre rock nacional cuando “todavía no lo podías contar porque estaba ocurriendo”? 

El rock era una cosa que había surgido y empezó a centralizarse a partir de Mandioca. Hasta entonces estaba muy disperso. Había cinco, diez, veinte grupos, no mucho más, en todo Buenos Aires y el conurbano. Me acuerdo que colaboraba en la revista Claudia y quería escribir sobre el rock y la directora me preguntó “qué es el rock” y le digo que había unos grupos que hacían blues y me dijo “sí, sí, haga una nota” .

¿Claudia era una revista femenina que sacaba notas sobre rock? 

Sacaba notas de rock porque era una revista bastante progre, como las revistas norteamericanas. Y en ese momento había una cercanía entre la moda y el rock, el swinging London, la tienda de los Beatles, etcétera. Y como era una revista medio progresista, tenía que mostrarle a sus lectoras lo que pasaba. Yo era el más chico de la redacción entonces esos temas me los enchufaban a mí. Después estaba la revista Panorama, donde escribía Miguel (Grimberg). De alguna manera, sin quererlo, fuimos los dos primeros periodistas de rock, si bien hubo otros periodistas de rock grandes o gente que venía de la música, del jazz, que escribía sobre rock.

¿Y cómo fue recibido el libro entre los músicos del rock?

No sé porque no estuve casi, al poco tiempo me fui del país. Y no les importaba mucho. Los Almendra nunca me dijeron nada, a la gente de Alma y vida le gustó mucho. Los que eran más amigos míos eran los Manal. Me acuerdo que un día me lo crucé a Alejandro Medina en una casa que estábamos tomando y estaba muy agradecido. Pero en general no tuvo mucha repercusión. Por ejemplo, en la revista Pelo no salió nada. 

Ya que nombraste a Miguel Grimberg, ¿Vos estabas también en la revista Eco Contemporáneo?

Sí, estaba con Miguel y era difícil estar porque era una revista casi inexistente. En esa época Miguel ya estaba cerrando un ciclo, hacíamos un número o dos por año. 

Un dato importante que hay que decir siempre es que el rock, de alguna manera, eran chicos más jóvenes que habían encontrado una manera más fuerte de decir para la poesía, que era a través de la música. Y la gente que era poeta, es decir que cuidaba más la poesía, que era la gente de 25, 30 años, gente de las revistas literarias, no veían con buen ojo el rock. Más que nada porque les estaba mostrando que cagarse en la poesía leída tenía más fuerza.  Había lecturas de poesía cada tanto, a lo sumo te publicaban un librito de poesías que no leía nadie o leían tus amigos, salvo cuando eras muy bueno como Juan Gelman, era el primer paso para entrar en el mundo de la literatura porque era un librito de poemas para que te lo pagara tu viejo, tus amigos o hasta mismo uno. El rock vino a mostrar otra forma de decir poesía.

Además, la literatura se dividía entre “comprometida” y “no comprometida”, entre los que seguían el arte por el arte y los que seguían el arte en función de la causa. En el kiosco de Lorraine, que era el centro de las revistas literarias, estaban las revistas más jugadas políticamente. Y Eco contemporáneo era una revista considerada pro yanqui, porque traducíamos cosas. Hasta que entendieron que estábamos en contra del sistema y la sociedad, la izquierda, habitualmente, nos miraba con malos ojos. Era como una réplica de la polémica Camus-Sartre: nosotros éramos los camusianos y los sartreanos eran los “escarabajos” (de la revista El Escarabajo de Oro, dirigida por Abelardo Castillo).

Y la gente que era poeta no veían con buen ojo el rock, más que nada porque les estaba mostrando que cagarse en la poesía leída tenía más fuerza.

¿Llegó al rock algo de ese debate?

El rock se enganchó con la onda camusiana. Un poco más ligado a lo político, porque en esos años estaba Ongania. De alguna manera el sueño democrático había muerto con la caída de Ilia, un tipo muy bueno pero también muy ingenuo. Y era la época de la Resistencia Peronista. Entonces si vos no estabas con la Resistencia, parecía que estabas del otro lado. Pero el rock no estaba ni con la Resistencia ni con el otro lado. El mensaje era el pacifismo. Y el pacifismo se entendía como una cosa de “no te metas”. Por ende el rock era muy criticado. Los rockeros le dábamos a la marihuana y las pastillas, y de repente la gente que estaba más comprometida con la lucha armada y la militancia veía con malos ojos eso, pero sin juicio de valor, sino objetivamente.

Parte de esa convivencia cultural aparece en la película Tiro de gracia (dirigida por Ricardo Becher, 1969), en donde actúan Sergio Mulet, Susana Gimenez, Oscar Masotta, Federico Peralta Ramos y Javier Martínez, de Manal, que también hizo la banda de sonido.

El único tipo del rock que aparece ahí es Javier. En ese momento Javier estaba más en la bohemia de los pintores. Pero todavía no engancha con la cosa que estaba mucho más abajo que ellos, eso sería la onda Bar Moderno, La Perla del Once, el Pueyrredón, la onda más Rivadavia. Ahí se juntan los poetas como Pipo (Lernoud), como Billy Bond en La Cueva, que no eran tan de culto. 

El nexo entre ellos, además de Javier, es un gran compositor y cantante llamado Martín “Poni” Micharvegas, un médico psicoanalista que cantaba el tema “Décadas”. Para mi esa fue la primera canción del rock que introduce la cosa política y lo puse en Agarrate!!!. Era un tipo maoísta, le gustaba salir con la bandera roja. Él no era rockero, después se enganchó con los rockeros, a partir de la canción llamada “El Oso Pérez”. Los rockeros la aceptaron porque empezó a aparecer en algunos teatritos. Quizá eso hoy suena muy romántico, después de las cosas que hemos vivido, pero ahí lo aceptaron. Yo fui muy criticado en el libro Agarrate!!! por haber puesto a gente como Nacha Guevara o Facundo Cabral junto con los rockeros.

Yo fui muy criticado en el libro Agarrate!!! por haber puesto a gente como Nacha Guevara o Facundo Cabral junto con los rockeros.

Pero sí hubo un intento de latinoamericarizar al rock en los 70. A través de la relación con el folklore de músicos como Lito Nebbia, o incluso del grupo Arcoíris. 

Sí, porque también había otros músicos que, sin ser rockeros, “entendían”, una palabra que se usaba mucho. Arcoíris vino por la cuestión del folklore, porque Gustavo (Santaolalla) venía del palo del folclore. Pero no teníamos tanta unidad latinoamericana. La unidad latinoamericana pasaba por la revolución, no por el rock. En aquel momento el rock argentino era el único rock en español. Creo que estaban los Cafres en México, pero en Perú, en Venezuela, en Colombia no había rock local. Uruguay se había quedado con el mito del origen. El primer uruguayo que llegó acá fue el Negro Rada.

Acá el primer folklore comprometido apareció con el grupo “Nuevo Cancionero”, donde estaba Mercedes Sosa, entre otros. Ahí se genera una unión con el rock, no con Cosquín. En ese momento pasaba algo que hoy suena cómico. Ya estaba el negocio de la venta equipos electrónicos y la deformación del sonido se asimilaba con la deformación de la mente que producían las drogas. Si el instrumento era eléctrico no podía ser folklore. 

¿Cómo era el acceso a las drogas?

Si querías tener marihuana tenías que hacer un contacto. Ese día se juntaba la plata y ese día alguien iba a buscarla con su contacto. Por lo general se conseguía por Belgrano o ibas a la casa de alguien. Se le decía “jont”. También se le decía mierda. “¿Trajiste la mierda?”, así se decía. 

¿Y el LSD? Marta Minujín cuenta en sus diarios que tomaba ácido en el Instituto Di Tella.

El ácido era más en selectivo, como era más fuerte no era tan de salón. Era para estudiantes de psicología, psicólogos jóvenes, gente de mente más abierta. Gente que estaba en ese mundo más intelectual, más profesional, que se cuestionaba mucho de la represión en el ambiente. En ese momento llegó a la Argentina un anti psiquiatra inglés llamado David Cooper, que era un súper reventado que festejaba el uso del ácido. También se usaba en psicoterapia, había una clínica del doctor Alberto Fontana. El ácido era para avanzados, no era para principiantes. 

Los rockeros venían de las anfetaminas porque se conseguía más fácil y te permitía pasar la noche en vela sin dormirte, te daba más lucidez. Recuerdo que a La Perla del Once iban los rockeros pero también iban pibes de la Facultad de Medicina que se la pasaban toda la noche estudiando y para poder estudiar tomaban anfetaminas. Todas las madres que entraban en crisis iban al psicólogo y él mismo les daba eso. En la cultura del rock a muchos les quemó la cabeza. Hacían cócteles con eso y alcohol o con lo que venga. 

No teníamos tanta unidad latinoamericana: la unidad latinoamericana pasaba por la revolución, no por el rock. 

¿De dónde salía el primer público rockero? Ese público que iba a los primeros BA Rock, ¿quiénes eran?

De la revista Pelo, de la gente que iba a los conciertos de rock ahí en el Pueyrredón de Flores, de ahí salen. Gente que compraba discos en El agujerito, que le gustaba el rock, que seguía sus músicos. Era una mezcla de jóvenes intelectuales, lo que se llamaba “la gente linda”. Por ejemplo, de los que estábamos en Eco contemporáneo, los que fuimos al BA Rock éramos Miguel y yo. 

Y eran gente de clase media alta, que a lo mejor tenían un cierto capital cultural.

Estaban los de clase media alta y baja. El BA Rock era una expresión, se hacía al lado de la Facultad de Derecho, pero cruzabas la calle y estaba plaza Francia, que los sábados y domingos, y los días de semana por la tarde, era un centro de gente, de náufragos que no sabían bien qué era lo que los convocaba pero ahí encontraban algo en común, alguna feria, alguna artesanía. Esas calles tenían cierto encanto, eran bastante seguras y ahí había como un núcleo de algo que estaba afectando. 

Después cuando comienza la lucha contra los militares, los jóvenes se empiezan a politizar y a crear los grupos de izquierda, tanto como el peronismo, ya no es la resistencia de los tipos que venían del 55 sino que son los hijos de esa gente. Muchos chicos de estos, eran amigos de la infancia de estos que estaban ahí en Plaza Francia. 

ROCK Y POLÍTICA ARGENTINA 

Los que no vivimos esa época y solo tenemos una retrospectiva, encontramos en el rock mucha más información, de un modo desordenado si querés, que la que se supone que estaba según los criterios de esa época, reflejo de lo que uno piensa que fue una época marcada por la violencia, por la acción. En el segundo disco de Almendra, por ejemplo, está la canción “Camino difícil” que menciona temas de la lucha armada. 

Entiendo lo que decís y te lo diría de otra manera. Creo que si hacemos una lectura a través de los imaginarios de la época podemos llegar a lo que decís. Todos estábamos en contra de los militares y de la situación. Y de alguna manera todo el mundo tenía el corazón en la izquierda, no había alguien que fuera de derecha. Cuando vino la lucha armada ese corazón en la izquierda entró en crisis, básicamente por la violencia y también, ahora ya lo puedo decir sin miedo a que me peguen, por la presencia de Perón. Porque muchos de esos chicos que habíamos crecido en la época de Perón, en la cual uno era un privilegiado pero también habíamos visto ciertas cosas no transparentes, por decirlo de alguna manera. Mucho autoritarismo. Entonces había algo que no encajaba. 

Como decía Moris en una canción, “siempre te van a engañar” y ante ese engaño, epocalmente, aparece todo el movimiento hippie de abrirse un poco, de irse del sistema. Algo que quizás antes lo hacían otras personas y ahora lo hacía mucha gente joven. Ante la no respuesta, ante el no saber, el miedo, entre muchas otras cosas, había gente que se borraba. También porque eran jóvenes. Más las drogas, que también te apartaban, más la represión que te hacía guardar a veces.

Por ejemplo, existió el El Festival del Triunfo Peronista, que se hizo el 31 de marzo de 1973, en la cancha de Argentinos Juniors, donde tocaron Aquelarre, Billy Bond y La Pesada, Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Sui Generis, Vivencia, León Gieco, Raúl Porchetto, Color Humano, Litto Nebbia, Pajarito Zaguri, La Banda del Oeste, que eran tres chicos militantes de la Juventud Peronista, un grupo llamado Juan Domingo.

Cuando pasó eso yo no estaba en Argentina. Me había ido en el 72. Pero sí, eran de la misma generación y siempre surge algo en común, algo que los une.

Ya estaba el negocio de la venta equipos electrónicos y la deformación del sonido se asimilaba con la deformación de la mente que producían las drogas. 

En la biografía de Galimberti, Larraquy y Caballero cuentan que Emilio Del Guercio venía de una familia más peronista 

A Emilio le conocí el aspecto más militante en la época del gobierno militar, cuando me enteré de las cosas que hacía en Parque Centenario. En la época de Almendra el rock era más romántico. 

Moris tocó en un festival que organizó la Juventud Peronista en Bellas Artes

Moris era anarquismo: “te engañaron y no lo sabés”. Lo que hacía Moris antes de ser rock se llamaba “canción de protesta”. Esto que vos decís vino después del 76: al estar en contra de los militares, estás más cerca de lo otro 

León Gieco dice que había apoyado mucho a Cámpora 

Es muy bueno lo que decís porque, de alguna manera, Cámpora significó la esperanza, la libertad y ahí realmente hubo como una relectura de muchos chicos jóvenes del peronismo y dentro del rock también porque ibas menos en cana, había libertad. Yo volví a Argentina porque estaba Cámpora, me acuerdo que mis amigos me decían “te estás perdiendo esta fiesta” y literalmente era una fiesta: había mucho menos represión, se podía fumar libremente en los conciertos, se podían decir cosas. Fue como un “pre destape”, anterior al destape que hubo más tarde con Alfonsín. Todas las cosas que los argentinos teníamos reprimidas salieron. 

Algunos más escépticos decían “ojo que detrás de este está la parte de derecha del peronismo”. En general la Historia es más hábil que las expectativas. Había un campo para que después de eso viniera Perón. No podía venir directamente después de los militares, creo que le salió bien la movida de mandarlo a Cámpora. Después fue vergonzoso cómo lo sacaron y también la manera en la que tuvo que entregarle a Perón y López Rega. Muestra la ingenuidad de ese momento.

En esos años Billy Bond grabó “Tontos”, una canción bastante cínica y agresiva para lo que era la sensibilidad hippie y comprometida de la época, ¿contra qué cantaba? 

Contra haberse creído que el rock era la revolución y el rock simplemente era un camino… vos pensabas que estabas en el rock y te daba la identidad del rock. Después el rock demostró que era un comercio, una cosa que se facturaba, que había que sacar un disco por año 

Billy Bond hoy dice que no hubo tanta ruptura entre el rock y la llamada “música comercial” del Club del Clan, por ejemplo. 

Era un pibe macanudisimo, empezó a tocar, a ser amigo de Sandro. En algún momento, Sandro también era rock. Pero se enganchó al sistema de los clubes, tocar ahí mismo y levantar guita: Rosa, Rosa, lo romántico. Y eso no era rock. Era un aparato comercial, montado para vender shows, esos tipos querían tener su coche, ganar guita y ser ricos. “Música comercial” se llamaba. Billy tuvo esas cosas medio chantas. Después cuando se puso de novio con Ada Moreno y empezó a trabajar con Jorge Álvarez, dejó ese mundo de lado. Entró como productor en Music Hall y se dio cuenta de que estaba de la mano de los rockeros.

Todo el mundo tenía el corazón en la izquierda, no había alguien que fuera de derecha. Cuando vino la lucha armada ese corazón en la izquierda entró en crisis, básicamente por la violencia

 A través de Jorge Álvarez y Billy Bond hay un contacto de David Viñas con Charly García y Nito Mestre. ¿Cómo fue eso?

Eso habrá sido en los años 73 o 74. Jorge Álvarez había quebrado la librería, en parte porque era muy gastador de guita, en parte porque no se sabía administrar, en parte porque se había enamorado del rock y uno de los chicos del rock había aceptado abiertamente ser gay. Jorge venía de la izquierda y sus amigos de toda la vida, Walsh, Pirí Lugones, Viñas, venían de nuestra “izquierda exquisita”. Un día Jorge le dijo a Viñas: “Mirá, David, necesito un favor, necesito que le expliques a los chicos por qué no es todo tan romántico”. Y David era muy buen docente, un tipo al que le gustaba abrir cabezas, le gustaba la gente joven. A mí me ayudó muchísimo a escribir, y de onda. “Por la causa”, así se decía. David lo tomó “por la causa” y les explicó un poco de marxismo básico, de Historia Argentina, del peronismo para clase media y ahí empezaron a entender algunas cosas. Y ahí Charly, que era inteligente, más rápido que Nito, se dio cuenta de algunas cosas, creó algunos temas. Nito y Charly confiaban mucho en Jorge y en Billy porque obviamente los proyectó y ya eran parte del sistema, del circuito del rock.

¿Cómo manejaban el tema de la represión en el mundo del rock? 

Se negociaba el número de detenidos en los conciertos: se preguntaba cuántos detenidos, tanta guita. Cuando fue la vuelta de Manal en el Estadio Obras, en el año 81, me acuerdo que yo era manager de la banda y el productor nos dijo “ya hablé con la comisaría y va haber dos camiones se van a llevar como a 20 personas, ¿a quienes te parece que se tienen que llevar?” Le dije “A tal, pero también busca la manera de sacarlos al día siguiente”. Estaba todo arreglado. Después los llevaban por el escándalo en escena, o para justificarse, o por rechazo a la libertad que tenían los rockeros. Hoy en día yo me beso con los policías de la esquina porque somos amigos, pero antes el policía era el enemigo.

David  Viñas les explicó a Sui Generis un poco de marxismo básico, de Historia Argentina, del peronismo para clase media y ahí empezaron a entender algunas cosas. Y ahí Charly, que era inteligente, más rápido que Nito, se dio cuenta de algunas cosas

EXILIO, PUNK Y NEW AGE

¿Cuándo te fuiste del país?

Me fui en el 72, volví después de que volvió Perón, estuve dos o tres meses y a fines del 75 rajé despavorido. Primero me fui a Nueva York, me quedé seis meses, volví acá, vendí unas cosas que tenía, hice unos laburos y con la plata me fui a París con Briante. Teníamos descuento en Aerolíneas Argentinas mostrando el carnet de periodista. Además, acá nos pagaban muy bien las notas.

Viviste en Londres durante la dictadura, ¿cómo era la información de lo que pasaba en Argentina?

No llegaban los diarios. Había algunos argentinos que llegaban a perfeccionar inglés a un centro donde había muchos chilenos que tenían información de primera. Después en la Embajada argentina había tipos que se daban cuenta de lo que pasaba y cuando sabían que uno se daba cuenta ibas a charlar a un bar, pero fuera de los canales oficiales.  

¿Mantuviste contacto con alguien del rock argentino en el exilio?

Me carteaba con Jorge que estaba en Boston y después se había ido a Madrid. Y a veces con Claudio (Gabis), pero cada tanto. Después no tuve contacto con ningún otro músico argentino. Ya en esa época estaba cansado. Conozco al rock, entré en él y fui periodista de rock casi accidentalmente. Me cansé del rock.

Sin embargo, en Londres tuviste más rock  que nunca en tu vida 

Sí, pero no porque yo lo buscara.

Se negociaba el número de detenidos en los conciertos: se preguntaba cuántos detenidos, tanta guita

De toda la historia que contás en Punk, la muerte joven, el contacto con Malcom McLaren a través del situacionismo, la separación de los Pistols, etcétera, me interesa hablar de una: ¿Cómo terminaste escuchando un disco de Cafrune en la casa de Siouxsie Sioux en Londres?

El que me da el disco es Alexander Trocchi, un situacionista reventado. Y un melómano de aquellos. Una chica holandesa que trabajaba conmigo en el teatro me dice “Estoy saliendo con un viejito que vos debes conocer: Alexander Trocchi”. No puede ser, le digo, he leído cosas de él: Miguel le había traducido un artículo llamado La insurrección invisible de un millón de mentes. “Venite el sábado que te lo presento”, me dice la holandesa. Fui y estaban totalmente colocados. En un momento ella le dice que soy un periodista argentino, Trocchi se levanta y me regala el disco de Cafrune que tenía en una caja con otros discos. Yo lo había conocido a Cafrune en un concierto en el Luna Park, tocó con Guaraní, pero a mí me había parecido un gritón. En ese entonces no escuchaba tanto folklore. Pero de repente quería escuchar el disco y tenía un tocadiscos de mierda. 

Por esos días tenía que ir hasta un suburbio de Londres para hacerle un reportaje a Siouxsie. No estaba en la casa, me hace pasar la madre, una señora de mi edad que me miraba con desconfianza y me dijo que me quedara esperando en la sala. Había un tocadiscos. Entonces me puse a escuchar el disco de Cafrune y no sé si estaba muy borracho, fumado, triste o qué, pero me puse a llorar, me tiré en la alfombra a llorar como un boludo. 

Años después me escribe desde Nueva Zelandia una amiga de otra amiga del teatro: “Carlos vos sos el que escribiste tal libro, yo soy Jill, te acordás que dejaste estas cajas y tienen de todo, algunos papeles tuyos, te voy a enviar todo”. Y ahí estaba el disco, que luego se lo regalé al hijo de mi ex mujer. 

Entonces me puse a escuchar el disco de Cafrune y no sé si estaba muy borracho, fumado, triste o qué, pero me puse a llorar, me tiré en la alfombra a llorar como un boludo. 

¿En qué situación encontraste al rock cuando volviste al país?

Había mucha más libertad en el rock, la gente joven de izquierda había reconocido al rock. El rock ya no era el enemigo. porque habíamos perdido la batalla. La democracia no la ganamos, la perdimos. Subió Alfonsín pero la estructura autoritaria quedó y hasta ayer la estamos padeciendo, hasta mañana la vamos a padecer. 

Y me di cuenta de que no creía más en hacer la revolución para que seamos todos iguales. Estábamos todos muy lastimados, muy heridos y había que empezar de otra manera. Empezar por recuperarse a sí mismo, trabajar adentro tuyo el enemigo interior, sino ibas a repetir en un nuevo contexto viejos esquemas. Empezó como una manera de prolongación de algunos temas que se trataban en algunas revistas más underground: se empezaba a meditar, a comer bien, a mover el cuerpo. De alguna manera ahí puse mi capacidad de escribir al servicio de eso, que me parecía básico para la reconstrucción personal para poder volver a la lucha. 

El rock ya no era el enemigo, porque habíamos perdido la batalla. La democracia no la ganamos, la perdimos.