Una epopeya cyberpunk en el Atlántico Sur
Argentina como protagonista de una novela cyberpunk: un país bicontinental, atravesado por la disputa global por sus recursos, su territorio y su soberanía. Mientras el mundo se reordena entre potencias, corporaciones y nuevas tecnologías, el caos aparece como amenaza, pero también como una posible forma de resistencia.
por Carlos Godoy
Proyección imperial
Esta es una novela cyberpunk y nosotros somos los protagonistas. Resulta que estamos en un lugar increíble, enorme, que en superficie es el octavo país del mundo y abarca dos continentes. Que tiene de todo. Todos los climas, biomas y ecorregiones, una cordillera monstruosa llena de minerales y glaciares en sus cimas que mantienen el afluente constante de ríos, una increíble extensión marítima con riqueza ictícola incalculable, un río anchísimo que parece mar por el que se puede navegar dentro del continente, tierras para cultivo y pastoreo perfectas… y todavía hay más. La proyección angular del territorio hacia el Atlántico Sur es imperial. En la historia de la humanidad hubo muchos imperios, algunos con prominencia terrestre y otros marítima, pero los que lograron mayor expansión territorial siempre fueron los que tuvieron dominio sobre el mar. Aún así, ninguno de los imperios tuvo tanta costa, tanta proyección como la que tenemos sobre el Atlántico.
El Atlántico sur es un corredor oceánico en medio de dos continentes: Latinoamérica y África, que desciende de modo directo hacia otro continente: la Antártida. Continente en el que tenemos la mayor presencia humana (122 años), la mayor cantidad de bases (13 muy por encima de Rusia que tiene 9 y de Chile que tiene 8) y donde también tenemos el registro del primer humano nacido allí el 7 de enero de 1978: Emilio Marcos Palma. Todavía hay un poco más, el continente antártico tiene entre 2 y 5 km de hielo que es agua potable invaluable y además, la plataforma marítima en su lecho tiene grandes cantidades de petróleo aún sin explotar. Para terminar con la introducción de esta novela, dos cuestiones que suceden en el centro neurálgico de este territorio. Primero que tiene el único paso bioceánico natural alternativo al canal de Panamá, entre Atlántico y Pacífico, cuya legislación es compartida con el país vecino y que arrastra discusiones diplomáticas aún sin resolver. Es decir que alberga una ruta comercial muy requerida y por lo tanto muy valiosa. Segundo, que justo frente a este paso natural bioceánico hay un enclave colonial que usurpó unas pequeñas islas hace 193 años y que opera desde allí aguardando el momento justo. El país del que estamos hablando, ya adivinaron, es Argentina, los protagonistas somos nosotros y esto es un volcán a punto de entrar en erupción. Prepárense. Esto es solo el comienzo.
Esta es una novela cyberpunk y nosotros somos los protagonistas. Resulta que estamos en un lugar increíble, enorme, que en superficie es el octavo país del mundo y abarca dos continente. El país del que estamos hablando, ya adivinaron, es Argentina, los protagonistas somos nosotros y esto es un volcán a punto de entrar en erupción. Prepárense. Esto es solo el comienzo.
Nuevo orden
Con el detalle de una guerra que generó más disidencias entre la ocupación inglesa en las Islas Malvinas y el país que reclama su soberanía, que es donde vivimos, todo se mantuvo más o menos con una similar batería de acontecimientos durante casi dos siglos. Reclamos diplomáticos, momentos de tensión, algunas reivindicaciones soberanas, disputas en el terreno deportivo que reflotan el debate, violaciones del derecho internacional, malvinización, desmalvinización, inversión en el continente antártico, desinversión en el continente antártico, inversión en las FFAA, desinversión en las FFAA, hasta que el mundo empezó a reordenarse y el fantasma de un nuevo conflicto bélico empezó a asomarse. Ahí es donde estamos ahora.
Pero antes de continuar, repasemos: comienzos del siglo XX, mundo multipolar en el que varias potencias (Inglaterra, Alemania, Japón, Francia, Estados Unidos) se disputan su influencia en el planeta hasta que estalla la Segunda Guerra. Una vez que finaliza en 1945, con el detalle no menor de dos bombas atómicas sobre Japón, pasamos a un nuevo orden que es bipolar. Nace la era atómica y la guerra fría deja de un lado a Estados Unidos y del otro a la Unión Soviética. Seguro se acuerdan: carrera espacial, la perra Laika, Yuri Gagarin, Neil Armstrong , espionaje, amenazas de bombas atómicas, pastillas de cianuro, guerras indirectas, OTAN, pacto de Varsovia. Hasta la caída del muro de Berlín en diciembre de 1989 que comienza el proceso de disolución de la Unión Soviética, desapareciendo definitivamente en diciembre de 1991 y dando origen a un mundo unipolar con la hegemonía absoluta de Estados Unidos. A esta la saben mejor: Clinton, Bush, Irak, Golfo Pérsico, Microsoft, Internet, Michael Jordan, Michael Jackson, CNN, Titanic, El Rey León, etc. Hasta que el 11S en el 2001 muestra la cara vulnerable de esta gran potencia y recién en el 2010, cuando China supera a Japón como segunda economía mundial, volvemos presuntamente a una nueva configuración de un mundo bipolar que este año, 16 años después, se termina de consolidar con disputas económicas, tecnológicas y bélicas a nivel espacial.
Volvamos al presente. Estamos de nuevo en el 2026, a este paraíso bicontinental lo gobierna su presidente número 81: Javier Gerardo Milei. Estados Unidos tiene la segunda presidencia de Donald Trump y hace todo lo posible para frenar la expansión tecnológica China. Desata una guerra en Irán para trabar el estrecho de Ormuz así no le llega petróleo, sube los impuestos a la importación, reactiva después de más de 50 años la carrera espacial con el programa Artemis luego de que China pusiera en órbita la estación Tiangong e iniciara su incipiente exploración del lado oscuro de la luna con intenciones extractivistas y sobre todo colonizadoras. La guerra tecnológica entre estas dos superpotencias incluye robots, perros robots, computadoras cuánticas, anteojos que filman, drones kamikazes con explosivos, misiles supersónicos, armas satelitales en órbita y, sobre todo, una guerra por el desarrollo de la Inteligencia artificial que amenaza con llegar, en estos momentos, a su singularidad tecnológica.
Con el mundo bipolar reordenándose y delimitando sus zonas de influencia, Estados Unidos consolida su bloque en Latinoamérica con un particular interés en el país bicontinental del sur. Empezamos a ver ejercicios navales combinados, acuerdos de seguridad marítima con la Armada Argentina y el Comando Sur, enfocados en patrullaje, logística y protección de los recursos. También avanzan negociaciones en busca de financiamiento y cooperación técnica para acelerar la construcción de la Base Naval Integrada en Ushuaia, que pretende ser un nodo logístico antártico clave para fortalecer la presencia del país bicontinental en la región. En medio de estos acuerdos donde la soberanía es el concepto a discutir, Estados Unidos con su jefe de Estado y algunos funcionarios coquetea en los medios de comunicación con un traspaso de soberanía de las Islas Malvinas. El presidente argentino hace una cadena nacional invocando a una malvinización de la sociedad a la vez que desde su política estatal promueve exactamente lo contrario. Todo es caos y confusión, hay recesión económica, crece el desempleo, las fuerzas de seguridad tanto nacionales como provinciales así como las fuerzas armadas lideran las estadísticas de suicidios. La pregunta clave acá es: ¿Qué entendemos por soberanía?
Con el mundo bipolar reordenándose y delimitando sus zonas de influencia, Estados Unidos consolida su bloque en Latinoamérica con un particular interés en el país bicontinental del sur.
La retroversión de la soberanía
Sepan disculpar si estamos todo el tiempo viajando de subtrama en subtrama pero a fin de cuentas se trata de nosotros, porque no se olviden que somos los protagonistas de esta novela cyberpunk. Entonces, para hablar de soberanía, tenemos que viajar al principio de todo. Al momento en que el país bicontinental no sólo que no era bicontinental, sino que ni siquiera era país. Era un territorio que formaba parte de un virreinato que dependía de un rey que estaba en España cruzando el Atlántico. Algo medio raro, pero es lo que pasó en toda Latinoamérica durante casi tres siglos. Un día, en el mes de mayo de 1810, el rey Fernando VII fue capturado por Napoleón Bonaparte y las élites criollas de Buenos Aires apelaron a un concepto jurídico de la escolástica española: la Retroversión de la Soberanía. Esta es nuestra primera aproximación a un concepto de soberanía. Reténgalo: es la ocupación de un vacío de poder. Si el rey no puede ejercer su poder, si no puede gobernar, entonces el pueblo asume el derecho de autogobernarse hasta que el rey retome sus funciones. El poder nunca queda vacío, es como un recipiente que siempre se ocupa con algo. Igual que la soberanía, nunca queda vacía siempre alguien la ocupa, siempre alguien la ejerce.
Y a partir de este autogobierno de 1810 llamado Primera Junta el concepto de soberanía empezó a mutar. Luego de la declaración de la independencia en 1816 entró en disputa el sujeto de la soberanía: para los unitarios era única e indivisible y residía en el gobierno centralizado de Buenos Aires, para los federales cada provincia tenía una soberanía preexistente al Estado nacional y solo delegaban algunas facultades a un poder central. A esta disputa se la conoce como guerra civil y duró hasta que se sancionó la Constitución Nacional en 1853. A partir de entonces la soberanía tuvo una nueva conceptualización, ya no pertenecía a un rey ni a las provincias de forma aislada, sino al conjunto del pueblo argentino institucionalizado a través del Estado Nacional. La siguiente transformación, a finales del siglo XIX, es con la figura del Estado ya ordenada hacia adentro con la intención de ordenarla hacia afuera. Entonces, la soberanía fue estrictamente territorial: delimitación de fronteras y diseño de su defensa. Entrado el siglo XX con figuras estadistas como Yrigoyen y Perón, la soberanía tiene un giro hacia los recursos y la independencia económica de los grandes centros de poder financieros. Después, de mediados de siglo XX hasta finales, pasamos a la soberanía marítima, antártica y de la causa Malvinas que consiste en la disputa internacional -en el terreno de la diplomacia- de los reclamos de territorios que nos pertenecen o nos deberían pertenecer según los tratados internacionales y la plataforma continental.
Antes de volver al presente cyberpunk repasemos: la soberanía para el Estado argentino pasó de ser una herramienta jurídica de emancipación frente a España, a un conflicto de fronteras internas entre provincias, para finalmente consolidarse como la defensa de la integridad territorial, económica y de los recursos naturales frente al escenario global.
En el siglo XXI ya empezamos a hablar de soberanía ambiental y tecnológica volcada de lleno al Atlántico Sur y la Antártida en relación al control de los bienes naturales frente a las demandas de los mercados internacionales y a la capacidad industrial de producir, desarrollar y gestionar tecnología.
Y ahora sí. Volvamos otra vez al 2026, al gobierno de Javier Milei, al RIGI y al Súper RIGI, dos proyectos orientados a generar facilidades para la inversión extranjera en proyectos para la explotación internacional de los recursos naturales, al igual que la Ley de extranjerización de las tierras que permite a sujetos extranjeros ser propietarios de territorio nacional sin tope máximo de kilómetros cuadrados. Porque acá estamos viendo una nueva versión de la soberanía que deja de ser nacional y empieza a ser global. Soberanía como la capacidad de ejercer el control de los recursos que se reclama como propios. Es decir, la soberanía no se reclama, no se sostiene en una plataforma continental ni en el derecho positivo: se ejerce. Y por lo tanto, en esta nueva configuración de los Estados globales la soberanía de los recursos naturales pertenece al que tenga la capacidad de explotarlos. Aquella retroversión de la soberanía que nos permitió independizarnos de la corona española se vuelve a manifestar. La soberanía es como el poder: siempre alguien la ocupa, siempre alguien la ejerce. La trama cyberpunk toma presencia.
Reténgalo: es la ocupación de un vacío de poder. Si el rey no puede ejercer su poder, si no puede gobernar, entonces el pueblo asume el derecho de autogobernarse hasta que el rey retome sus funciones. El poder nunca queda vacío.

El villano teólogo
El cyberpunk es un subgénero de la ciencia ficción cuya premisa es “High tech, low life” y plantea un escenario donde el capital, mediante las industrias globales, la tecnología de control y la implementación de la Inteligencia Artificial, vuelve a los humanos algo así como un descarte para el nuevo proyecto civilizatorio. Neuromante, Snow Crash, Blade runner, Matrix, Akira. Acá el concepto de Estado y de soberanía se desdibujan totalmente y son dos conceptos sin los cuales no podemos pensar en: derecho internacional, zonas de explotación, territorio, autodeterminación, Islas Malvinas, Sandwich, Georgias del Sur ni Antártida.
Estamos en la era tecnoceno, el aceleracionismo y la ilustración oscura, en donde la figura del tecnomagnate adquiere la forma de profeta y a la vez de villano.
En esta novela, necesitamos un villano que tenga una visión sádica y placentera del Apocalipsis. Y ¿saben qué? Lo tenemos. No es el presidente, no es un empresario local, es Peter Thiel. Si todavía no lo conocen, es el empresario que inventó el flujo del capital en la red a finales de los noventa (Paypal) y que en la actualidad es uno de los fundadores de la única empresa que vende IA y Big data en seguridad con esquema de caja cerrada a los Estados (Palantir). Peter Thiel, el villano que estudió filosofía en Stanford y fue discípulo del filósofo y antropólogo René Girard que lo fascinó con su concepto del “deseo mimético”. Peter Thiel el excéntrico multimillonario que con sus textos filosóficos y teológicos diseñó la ideología aceleracionista de Silicon Valley. Peter Thiel el católico gay que se compró una mansión en barrio Parque de 12 millones de dólares y desde ahí construye su proyecto paraestatal.
Para Thiel -que traducido del alemán al español significa “humilde”, un buen nombre de villano, por cierto- el monopolio, la megacorporación es la única resistencia posible al Apocalipsis. En su gramática teológica hay un Anticristo y una resistencia al Anticristo, llamada Katechon: un concepto tomado del filósofo Carl Schmitt. El Anticristo son los Estados y el Katechon las mega corporaciones. Para Thiel el único modo de evitar el Apocalipsis es mediante una autoridad centralizada que imponga orden, que controle todo como el ojo de Sauron. Sin este control total sobre todo, la humanidad con acceso a IA tiene un destino inevitable: la auto aniquilación.
¿Les suena? ¿Ahora entienden por qué estamos en una novela cyberpunk y nosotros somos los protagonistas?
No sabemos bien cuál es la agenda de Thiel en nuestro paraíso bicontinental, pero con nuestra soberanía nuevamente retroversionada, las ideas que conocemos del villano sobre el Estado y algunas referencias como Próspera, un proyecto en el que es inversor y que consiste en la fundación de una ciudad-empresa libertaria en la isla caribeña de Roatán, Honduras, podemos imaginarnos un destino posible para la Patagonia, el Atlántico Sur y la Antártida argentina.
Peter Thiel el excéntrico multimillonario que con sus textos filosóficos y teológicos diseñó la ideología aceleracionista de Silicon Valley. Peter Thiel el católico gay que se compró una mansión en barrio Parque de 12 millones de dólares y desde ahí construye su proyecto paraestatal.
La apuesta por el caos
En esta novela cyberpunk somos los habitantes de un país bicontinental que tiene todo lo que el mundo necesita y todo lo que los tecno villanos desean en un momento de retroceso en lo que respecta a derechos de autodeterminación y gestión de nuestros recursos. En medio de una guerra tecnológica bipolar por el control del planeta quedamos del lado de Estados Unidos que especula con que seamos su próximo Japón. Un lugar propicio para el desarrollo tecnológico y sin capacidades de defensa. Los jueces de la Corte Suprema fallan en contra de un amparo que intentaba frenar la Ley que permite la venta de tierras a extranjeros sin límite. En el plenario de comisiones de Diputados de la Nación en el que se discute la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional los funcionarios se gritan y quieren terminar a las piñas. La IA amenaza con llegar a la singularidad y ya se comercializan computadoras biológicas con células humanas, neuronas cultivadas in vitro en su microprocesador. La carrera espacial se enfoca en la extracción de minerales en la luna y la colonización de Marte. Hay catástrofes naturales todos los días por el cambio climático, en el país bicontinental tenemos un evento climático global llamado Súper Niño, que nos tapa el sol y nos azota con tormentas impredecibles durante meses. El caos es la herramienta de domesticación de las masas.
Pero no se olviden que somos los protagonistas de esta novela cyberpunk y que tenemos algunas cosas en las que trabajar para llegar al correcto desenlace de una novela cyberpunk y que no sea simplemente otra novela distópica. Porque como somos los protagonistas, tenemos algunas cosas a favor. Para empezar hay un recurso del que no hablamos que es el que, pese a las malas decisiones electorales y la acumulación de malas gestiones, nos convirtió en un país bicontinental: el pueblo. Por naturaleza somos un pueblo anómico, ingobernable, rebelde, caótico. No le tenemos miedo al caos, siempre hubo caos desde el comienzo y nunca se fue. Manuel Belgrano en su diario durante la revolución de mayo ya lo anticipaba: este país es contingencia y la contingencia es una patria. El pueblo del paraíso bicontinental sabe que el caos no se ordena, se transita y esa es nuestra mayor fortaleza como protagonistas de esta novela cyberpunk. Y en las novelas cyberpunks los protagonistas, (que suelen ser hackers, mercenarios o marginados sociales) se enfrentan a un enemigo prácticamente indestructible: las megacorporaciones, Estados policiales, Inteligencias Artificiales autónomas y villanos místicos. Como es imposible una confrontación de igual a igual, las tácticas de resistencia no se basan en la correlación de fuerzas, sino en las virtudes de la asimetría: el ingenio, la tecnología maker y la hisperstisión nacionalista. Recuerden que el miedo solo se vence con miedo y que la IA solo se combate con IA.
La proyección imperial hacia un nuevo mundo en el sur es una cápsula en constante acumulación de energía potencial y este caos y esta imprevisibilidad no da lugar a las proyecciones. La novela cyberpunk reescribe su trama a diario y el que resuelva el enigma se queda con el nuevo Imperio del Sur que dominará el futuro.
Manuel Belgrano en su diario durante la revolución de mayo ya lo anticipaba: este país es contingencia y la contingencia es una patria.